Ya empiezo a sentir esa depresión de después del verano, cuando al sol se le están agotando los rayos de luz y las hojas huyen de las ramas, malditos sean los cambios de tiempo.
Italia fue una delicia, había mucho Italiano suelto por la calle y muchos puestos de souvenirs de Roma.
Porque paseé por las mismas calles por las que paseó Audrey Hepburn hace ya bastantes décadas, pero la curiosidad y las ganas de recorrerme las calles de arriba abajo en busca de cosas nuevas es la misma.
Nos hizo mucho, demasiado calor. Porque a quién se le ocurre escaparse a Italia en pleno Agosto cuando los termómetros rozan y alcanzan los 40 grados! Pues a nosotros, porque somos así, nos gusta arriesgarnos para conseguir un bronceado a lo Valentino.
Cuando recorría las calles me fijaba en si veía alguna Vespa aparcada en algún lado, ya que en los libros de Federico Moccia se mencionan mucho pero nada de nada; solo vi una Vespa muy vieja pérdida entre la gente.
Allí me sentí como una auténtica Ragazza Romanna, enamorada de la vida.
Me encontré cara a cara con una cultura riquísima en todos los sentidos; un idioma delicioso, por no hablar del plato de pasta tan exquisito que comí! Una moneda perdida en la Fontana de Trevi, un Michael Jackson desorientado en la Plaza Popolo, una barbaridad de artistas callejeros en la Plaza Navona y varios helados en la Via Nazionale.
¿Como podré olvidar todas estas cosas y más? No me da la gana olvidarla, y tampoco tengo que hacerlo, así que Ciao Italia!

