La música puede ser la mejor fórmula para superar un día indecente. Escucho a Adam Lambert en mi Ipod, su canción Whatya want from me, me enamora, unos acordes perfectos retumban en mi cabeza, me relajan, me alegran el mediodía, dejando aproximarse la tarde.
Me encanta, me apasiona, me inspira, es taan...relajante.
Nervios, sudores indeseados, calores, sofocos, tartamudeos...esas son unas cuantas cosas de la lista interminable de lo que me pasa cuando salgo a hablar en voz alta delante de todo el mundo, de toda la clase.
Lo peor, lo más humillante, lo que más me enfada es que además se rían de mí. Me cuesta un esfuerzo terrible hablar delante de gente como para que unas estúpidas de la última se rían de mí, es más, se tapen la boca para no dejar escapar una sonora risa.
Yo no me río de nadie, y deseo recibir todo lo que doy, y si yo no me río de nadie al notar un evidente corte, mal rato que esté pasando alguien, espero que no me hagan eso a mí.
Porque se respetar a la gente, voy madurando, voy asentando la cabeza.
Por otro lado, ahi gente que se ahorra lo de madurar para cuando la cabeza se le llene de canas, o se le caiga completamente el pelo y la piel de tanto matarse a fumar cigarrillos, todo eso tratando de destacar, de ser el que más mola.
Pero no me siento mal por ellos, es más, ansío a que llegue el día en el que toda esa gente sienta que ha malgastado toda su vida en aparentar ser lo que no es, mientras dedicaba todo su tiempo a exprimir las horas, inhalando y exhalando de múltiples e incontables cigarrillos que queman sus labios.
En ese momento seré yo la que no podrá aguantar la risa, es más, no me cortaré en reirme y no me taparé la boca.
Ya se sabe, el que rie último ríe mejor.

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